1. Eclipse total y la fiesta de los boxeadores
El desdichado piensa que el infinito está adentro de nosotros y no afuera
Sorprendido de pensar eso allí, amarrado y ciego después de horas o días o semanas, sucio y desconcertado, asustado, iracundo, impotente
Impresionado por el silencio
Un silencio increíble, sin fin, como un ser en reposo, increado, perdurable, como si no pudiera existir otra cosa, sólo el silencio
Grandes bloques de silencio que le impedían calcular las dimensiones del lugar en el que se hallaba, lo particular de ese lugar, las dimensiones de la casa o el departamento en donde la única medida de tiempo que registraba eran los programas de Cristina que escuchaban en otra habitación no muy lejana, varias paredes de por medio
En ese silencio y esa oscuridad lo que lo horrorizaba no era la muerte sino seguir vivo
Había leído que en la India el tiempo se llama Kala, palabra parecida al nombre de la diosa Kali, y que ambos significaban negro, sombrío
Y que nuestra era secular y que se llamaba ahora el Kali-Yuga, que se traduce como la edad de las tinieblas
Pero los programas de Cristina seguramente no pasaban los fines de semana, y entonces sólo la comida ocasional, a veces demasiado frecuente, a veces tras largos periodos de hambre y desesperación, o sus gritos porque necesitaba defecar u orinar, los pasos apresurados por la escalera
Una mujer o dos entre ellos, los taconeos inconfundibles, o la violencia de un hombre que le soltaba los tobillos para que pudiera incorporarse
Nunca le contestaban
Se quejaba de la venda sobre los ojos demasiado apretada, de los tobillos y las muñecas de las manos ulceradas, de tener sed o hambre
Melancólico, inútil, deprimido, asustado
Hasta el siglo XVIII la Iglesia prohibía hacer el amor de noche por temor a que los hijos nacidos de semejante unión fueran ciegos
Mircea Eliade constataba que el tiempo es negro porque es irracional, despiadado
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19 agosto 2007
de A troche y moche : Fragmento
Publicadas por
Gustavo Sainz
a la/s
7:56 a.m.
1 comentarios
Etiquetas: a troche y moche
16 agosto 2005
De tu trochemoche voy a tu trochemoche vengo
Gustavo (de tu trochemoche voy a tu trochemoche vengo):
Abro la ventana para asomarme a verte, recién liberada del avión, hoy de nuevo en casa en tijuanita y tarde que se me hace platicarte que en esta larga ausencia tapatía te llevé de los ojos (leerte es otra forma de saberte); raptor, a ti te digo, raptor, en Guadalajara volvió a pasar mientras te hojeaba: me perdí en ti que fue olvidarme de mí del mundo y del reloj, por la sangre sólo el tic tac de tus palabras y suenan bien muy bien, conversan de maravilla unas con otras tus palabras -¿has escuchado alguna vez el diálogo de una campana a otra?, los acentos con los que se platican las lenguas rígidas de un lado a otro el universo de la carne rígida y el tan sonoro eco qeu se expande -no rígido ya, disuelto por el viento, carne sonora el ondulado acento de una campana a otra, de una boca a otra, de una oreja a otra, de una palabra a otra... ¿Mueven los ojos las palabras? Mueven los ojos. Las palabras. Oye, ¿puede alguien mudar de cuerpo y domicilio mientras lee, mientras escucha? Mudo pensar que es escuchar que es más sentir latir saberse vivo en otro acentro adentro del papel al fondo más adentro. ¿Puede el tiempo anularse, mudarse a otra galaxia mientras en la lectura los ojos hacen de las suyas, es decir, de las tuyas? ¿Pueden los ojos mudar la realidad, fluidez en otro tiempo, el tuyo, algo así como meterse a una película -inédita-, vibrar en el sonido y las imágenes y ser de pronto plasma verbo movedizo por la página, y luego ser memoria, pura, palpitante? Pueden. Sí. A troche y moche. Los ojos. De la frente a la página al otro lado del tiempo abrevan se renuevan las miradas. Se mudan -y de pronto la página y palabras y preguntar a dónde y cómo y qué ha sido de la mente el alma el habla el tiempo... el hálito de Gustavo, ¿a dónde transporta el ser en apariencia quieto? El cuerpo, esta campana. Y no querer que corran páginas que se anuncian las últimas, fin, que no acabe la eternidad no se detenga, que el cuerpo no vuelva a su estación de rigidez, que péndulo siga palabra fluyendo, convocando, transportando. Raptando. El rapto que no acabe. Pero se sabe, a troche y moche desde el inicio no hay punto final ni punto medio ni intermedio no hay punto donde todo es continuación y al fondo tú, sonriendo: ricura pura y no quiero perderme este sabor: pensar contigo es ir más allá del consuelo (de la filosofía), más más allá... No sé cómo se llame. Quizá ternura inédita, quizá revelación. Temblor de las esferas tras las sienes. Pure joy. Te abrazo al llegar de nuevo a casa, "meas delicias" leer-te. ¿De veras que no has oído las campanas que te celebran dentro de mis oídos? De sonidos los más amados: campanas, cascadas, trenes, barcos cuando parten, mi canario Fidelis y tus palabras en el más armonioso trochemoche que pone contemplativa a esta mujer. ¡Hazte a un lado, Boethius! Sigue, para mi gozo, Gustavo. Sigue.
Esalí (Estela Alicia López Lomas)
Mayo 20, 2005
9:48 pm
9:48 pm
Publicadas por
Orfa
a la/s
8:45 p.m.
1 comentarios
Etiquetas: a troche y moche, correspondencia
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